CRONICA DUN ENCONTRO

 

¿Cómo recoger en pocas líneas las emociones y sensaciones sentidas a lo largo de horas y horas, días, recorriendo la geografía de nuestro concello?, se me antoja tarea complicada, tal vez baldía, pero por todo lo vivido aquellos días quiero intentarlo…

Esta “locura” comenzó siendo tan solo una idea más para incorporar a la Web de Montederramo sin embargo desde su inicio fue derivando hacia un frenético camino de descubrimiento y encuentro con la extensa riqueza de una comarca, grandiosa en su tiempo, que ahora se apaga y va asumiendo pesarosamente el fin de una época, de un modo de vida, que se consume imparable y que observa al futuro con derrotada resignación; como me decían en uno de tantos pequeños pueblos: “si hoxe estamos así pensa en dez anos máis…”.

Ya han pasado varias semanas de aquellos recorridos por el “concello” pero aun mantengo vivo el recuerdo de los variopintos encuentros de los que disfrute con los paisanos que aun siguen habitando en esos pueblos perdidos de la recóndita geografía de la sierra orensana. Conversaciones, vividas con intensidad, que siempre comenzaban con mis explicaciones, a veces imposibles, sobre mi propósito de llevar una pequeña imagen de aquellos lugares a eso que llaman “Internet” y que sirve para que nos puedan ver "hasta desde Argentina". Gente llena de cariño y simpatía, con ese humor irónico y socarrón del gallego profundo que siempre esta dispuesto a abrirte la puerta de su casa para compartir contigo un poco de licor café (“e do bon, e caseiro”). Vaya desde aquí mi gratitud a toda esa gente que me salió al encuentro y nuevamente mis excusas pero “discúlpeme que no le acepte el ofrecimiento, si me paro con todos no termino en un mes…”.

Recuerdos en los cuales también se encuentran muy presentes mi familia que me permitió ausentarme en tantos momentos de aquellos pocos días en los que estábamos todos juntos. Comprensión y compañía que me prestaron en varios de los recorridos cámara en mano; mi mujer, mis padres, mis hermanos, mis cuñados e incluso mis pequeñas sobrinas que no terminaban de entender tanta parada continua en cada pueblo que encontrábamos en el camino. Cariño y agradecimiento que extiendo a mis amigas que se perdieron conmigo una mañana por la sierra para dar con el dichoso pueblo de Teixedo que se resistía a mostrarse en aquella cerrada senda de zarzas y “xestas”.

Aquellas largas horas de carreteras comarcales y la ración extra en casa seleccionando y preparando las mejores de las más de 2000 fotos que realicé, han sido bien pagadas a través de la emoción y la satisfacción que siento. Y si alguien, a su vez, también se emociona levemente al observar alguna de las fotos… vaya eso como propina.

  Tomás Mayo Lamelas